Testimonio: Marisabel Morales

Mi viaje a Inglaterra fue el regalo que me habían prometido para cuando cumpliera 15. Tenía ya todo organizado desde enero de ese año, y creo que se lo conté a medio colegio unas 100 veces en lo que llegaba octubre.

El día finalmente llegó, ya estábamos en el aeropuerto y mi mamá tenía cara de angustia como si me fuera a perder en el camino, lo que obviamente no pasó. Esta era la primera vez que viajaba completamente sola… Sola pero con un grupón de como 30 guatemaltecos de mi misma edad y con la misma soledad. Mis papás ingleses entraban en la clasificación de señores-jóvenes; no pregunté pero calculo que eran treintones… Buena onda, con la vida poco estresada que llevaba la gente de Hastings, en donde se despertaban a las 9:00 de la mañana con la cara con la  que uno se despierta aquí a las 5:00 am. Todo ordenadísimo; los buses,aunque súper puntuales, casi nunca los usábamos por ahorrarnos el par de libras, y total todo el mundo caminaba como algo normal, y sin el clásico delirio de persecuciónque se mantiene en Guate. En el colegio nos separaron en grupos según el nivel de inglés que teníamos. Mi grupo era rebonito, porque además de nosotros estaban unas japonesas buenísima onda, que siempre nos llevaban algas y comida japonesa. Entre el acento japonés, el guatemalteco y el acento inglés de la maestra, que para nada se parece al gringo, las pláticas se volvían tan chistosas que la pena de hablar se quedaba en el olvido. Al salir del colegio siempre nos llevaban a diferentes actividades como el acuario, boliche, pista de patinaje, cine, compras, pero definitivamente lo máximo fueron las excursiones de fin de semana a Londres. El primer mes se fue rapidísimo, y eso significaba que una parte del grupo se regresaba a Guatemala. Hicimos la gran fiesta de despedida en el colegio, con abrazos, cartas, intercambio de correos y teléfonos para poder seguirnos hablando al regresar a Guate con esos amigos inseparables que habíamos hecho en tan poco tiempo. El otro grupo nos quedamos un segundo mes; ya nos recorríamos todo como si siempre hubiéramos vivido allí. Como una semana antes de irnos, se improvisó así de la nada un viaje a París… Estuvo realegre! Bueno así se miraba en las fotos porque yo ya no pude ir por gastarme el dinero en cosas poco útiles… pero esosí, al menos logré regresar con un suvenir de Disney Paris.

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